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Si tú no sueltas el celular, ellos tampoco lo harán

Les pedimos a los hijos que guarden el celular durante la cena mientras el nuestro vibra al lado del plato. Ellos lo ven. Siempre lo ven.

Los niños aprenden mirando mucho más que escuchando. Pueden olvidar lo que les dijiste sobre el tiempo de pantalla, pero recuerdan con exactitud quién contestó un mensaje en plena conversación y quién se quedó con los ojos en el teléfono mientras ellos contaban su día.

Aclaro algo. Nadie te está pidiendo que tires el celular por la ventana. El trabajo, la familia que vive lejos y las coordinaciones del colegio pasan por ahí. Lo que sí cabe es preguntarnos en qué momentos lo usamos y a quién le quitamos la atención cuando lo hacemos.

Te propongo un ejercicio sencillo. Elige una comida del día y deja el teléfono en otra habitación. Sin sermón, sin anunciarlo como regla nueva de la casa. Hazlo tú primero.

Los primeros días se siente raro. Hay un silencio que antes llenaba la pantalla. Después, casi sin querer, alguien cuenta algo del colegio o se ríe de una tontería, y la mesa vuelve a ser una mesa.

Si queremos que nuestros hijos aprendan a mirar a los ojos, empecemos por mirarlos a ellos.