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Escuchar antes de corregir

Cuando un hijo llega con una mala noticia, la reacción de muchos padres es inmediata: corregir. Un «te lo dije», un sermón, una lista de lo que debió hacer distinto.

Entiendo el impulso. Queremos que no se equivoque, que aprenda rápido, que no sufra lo que nosotros sufrimos. El problema es el momento. Un chico que acaba de fallar necesita primero que alguien lo escuche, y recién después sirve el consejo.

Escuchar en casa es más difícil de lo que parece. Hay que callarse unos minutos, dejar que el otro termine, hacer una pregunta en lugar de dar un veredicto. «¿Qué pasó?» abre más puertas que «¿cómo se te ocurrió?».

Con los adolescentes se nota más. Si cada vez que cuentan algo reciben un regaño, aprenden a contar menos. Y un hijo que cuenta menos buscará consejo en otro lado justo cuando más te necesita.

Corregir sigue siendo parte de educar. Pero la corrección llega mejor cuando antes hubo una conversación en la que el hijo se sintió tomado en serio.

Esta semana prueba algo pequeño. La próxima vez que tu hijo te cuente un problema, espera diez segundos antes de responder.